
Es la dificultad persistente para lograr o mantener una erección suficiente para una relación sexual satisfactoria, y puede tener causas vasculares, hormonales, neurológicas o psicológicas.
Puede estar asociada a diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, obesidad, estrés, ansiedad, bajo nivel de testosterona, tabaquismo o efectos secundarios de medicamentos.
Se evalúa mediante historia clínica detallada, exploración física, estudios hormonales, pruebas metabólicas y, en algunos casos, estudios vasculares específicos.
Puede incluir cambios en estilo de vida, medicamentos orales inhibidores de la fosfodiesterasa tipo 5, terapia hormonal, dispositivos de vacío, terapia intracavernosa o implantes peneanos en casos seleccionados.
Puede ser un indicador temprano de enfermedad cardiovascular, por lo que su evaluación médica integral permite detectar y tratar factores de riesgo asociados.