
Es un proceso clínico orientado a identificar alteraciones prostáticas en fases iniciales, cuando el tratamiento tiene mayores probabilidades de éxito y mejor pronóstico.
Está recomendada en hombres mayores de 45 años, o antes si existen antecedentes familiares, síntomas urinarios o factores de riesgo.
Incluye antígeno prostático específico (PSA), tacto rectal, estudios de imagen como resonancia magnética multiparamétrica y, cuando está indicado, biopsia prostática.
La detección temprana permite iniciar tratamiento oportuno, reducir el riesgo de progresión y aumentar las probabilidades de control de la enfermedad.
Después de la detección temprana y diagnóstico de cáncer de próstata, se establece un plan individualizado que puede incluir vigilancia activa, tratamiento quirúrgico, radioterapia u otras terapias deacuerdo a la etapa de la enfermedad.